No se me olvida. Pep me dijo que quería que le investigara el nombre de la modelo de la pasada presentación de la colonia L'eau de minuit, y yo, fiel a mis amigos, estoy haciendo mis pesquisas. Tengo que reconocer que tampoco es muy difícil, ya que, poniéndome en contacto con el organizador de la fiesta, trabajo concluido.
- "¿Alfonso?, hola soy yo. Sí, Selica. Oye, enhorabuena por la presentación del otro día, me encantó, me pareció muy elegante y muy bien preparada; y los canapés, deliciosos, y eso que no tenía mucha hambre".
- "Te agradezco los cumplidos, ya sabes que en este mundillo hay mucha puñalada y se agradece el cariño de los demás".
- "Te quería pedir un favorcito, es una nadería, simplemente quería saber el nombre de la modelo que salió en la presentación, la egipcia".
- "Espera un momento que mire mi agenda. A ver", tras un momento, me responde, "pues no te puedo complacer, no lo tengo anotado, qué raro, me gusta tener todos los datos de mis modelos para otros eventos, espera que recuerde un poco. Sí, vino con su madre a verme, quería una oportunidad; cuando la vi, no lo dudé ni un instante porque, bueno, ya la viste, esa cara de niña de quince, aunque tenía más de veinte, ese pelo negro azabache y esos ojos verdes, con su metro ochenta de estatura, no me podía negar, claro".
- "¿Y dices que fue con su madre?"
- "Sí, era ella sin duda, se parecían mucho, aunque la madre ya tenía que tener los cincuenta pasados, pero muy guapa todavía. Esa belleza madura que tanto nos gusta a algunos hombres, al menos".
- "Bueno, sí consigues recordar su nombre, me lo dices por favor".
- "Descuida, llamaré a la agencia que me la envió".
- "Muchas gracias".
Cuelgo con un poco de desazón ¡Pues no va a ser tan fácil como yo pensaba!. Espero que me avise pronto para darme noticias. Aprovecho para llamar a Pep, porque no quiero que se piense que me olvido de su encargo, me pareció ver que era un asunto importante para él y no me gustaría dejarle en la estacada.
Mientras continúo con mi trabajo, echo una ojeada a la revista de viajes que tengo sobre mi mesa; me he llevado una buena gratificación con la exclusiva de la boda de Mariló y Edu y unas merecidas vacaciones, así que he invertido mi dinero en un crucero por todo lo alto para este verano.
Los ojos se me van a la revista ¡qué maravilla!, me imagino tumbada sobre la cubierta, leyendo un libro y tomando un refresco, mientras se oye el sonido del mar quebrado por el barco; en fin, tengo que concentrarme porque mi jefe me va a llamar la atención si me ve tan despistada.
Esta semana tengo otra presentación; de cara al verano, las casas se mueven mucho con las colecciones de ropa, y lo que todo eso conlleva: pareos, collares, pulseras, sandalias, tobilleras, bolsos... parece que, cuando menos ropa nos ponemos las mujeres, más artilugios llevamos, y es que el verano y el calor invitan a los complementos, porque con el cuerpo moreno, todo favorece mucho más.
Suena el teléfono, es Alfonso, no pensé que me fuera a llamar con tanta rapidez. La modelo se llama Daniela y es brasileña, su madre, Titi Faus, era una conocida modelo que vino a España hace más de veinte años y se hizo un nombre en el mundo de las pasarelas, era una mulata despampanante, con un cuerpo de locura, pero desapareció de la noche a la mañana y nunca se volvió a saber de ella.
Toda esta información me la da Alfonso, prometiendo llamarme cuando tenga más datos. Enseguida telefoneo a Pep para contarle todo lo que sé, quedamos a comer ese día en un restaurante cercano a mi trabajo; como siempre, es puntual, por lo que no tengo que comer rápidamente para volver a la revista a tiempo.
Me agradece todo lo que le cuento, aunque ya se imaginaba que la modelo era hija de Titi Faus; le hago preguntas para que me cuente esa historia; aunque al principio es un poco reacio, al final acaba cediendo.
- "Ocurrió hace muchoss añoss querida y cassi ni me acuerdo. Fue una hisstoria bonita, pero trisste; por aquella época yo era un auténtico dandi, ssiempre impecablemente vestido".
- "Como ahora", añado
- "Ssí, como ahora, pero con menoss arrugass en la cara, era un figurín. Mi mamá me llevaba a fiestass de renombre y, en una de ellass conocí a una jovencíssima e incipiente modelo, Titi Faus. Todavía no había dessfilado en muchass passarelass, pero ssu altura, cassi un metro ochenta, que en aquella época era una barbaridad y ssuss medidass, le auguraban un gran porvenir".
- "¿Te enamoraste de ella?"
- "¡Qué cossass tieness! Yo hice de carabina. En la fiessta esstaba mi amigo Adolfito, el hijo de los marquessess de Soto Voce, que se enamoró perdidamente de ella, pero como suss papáss ya tenían concertado el matrimonio con la hija de loss marquessess de lass Marissmass, esstaba mal vissto que ssaliera con ella assí que era yo quien, oficialmente, lo hacía, poco nos importaba la diferencia de edad,."
- "Fuiste muy buen amigo, Pep".
- "Bueno, tengo que reconocer que lo hice también por mí. En aquella época no era como ahora; la ssociedad, y ssobre todo, la alta ssociedad, no podía permitir mi inclinación ssexual, assí que yo necessitaba parecer como loss demáss. Todavía recuerdo la ilussión que tenía mi madre cuando me veía con essa mulata; pressumía ante lass vecinass. ¿Veiss como mi hijo ess un hombre de verdad? less decía, aunque a ellass no lass podía engañar".
Veo su cara de tristeza y me entristezco yo también pensando en lo terrible que tuvo que ser para él vivir en aquellos tiempos, con esa mentalidad.
- "¿Y que pasó al final?"
- "Puess, como todass lass farsass, acabó mal, pero dissfruté mucho mientrass duró".
Cuando vuelvo al trabajo sigo recordando la historia que me acaba de contar Pep, pobre Titi Faus y pobre Adolfito, una relación frustrada por culpa del qué dirán. Al final, ella tuvo que marcharse de España, y él se casó con quien no quería. Por cierto, su amigo está ahora separado de la hija de los marqueses de las Marismas y vive con una colombiana (o dos, pero eso no está muy claro). En fin, a veces los padres se encargan de fastidiar la vida a los hijos y, a veces, los hijos no saben enfrentarse a tiempo a sus padres.
Por un momento, esta historia me hace olvidar la cercanía de mis vacaciones y me da una idea para un reportaje. Manos a la obra, objetivo: indagar en la vida de Titi Faus. Intentaré hacerle una entrevista, y un gran despliegue de fotos para ella y su hija. Antes de hablarle de mi idea a Sasha, voy a localizarla, no vaya a ser que se niegue en redondo; aunque soy dura de pelar y no admito un no por respuesta tan fácilmente.
- "¿Alfonso? ¿has descubierto algo sobre Titi Faus?, es que me gustaría hacer un reportaje sobre ella".
- "Esta mañana me han dado una dirección y un teléfono donde localizarla".
- "Muchas gracias, te debo una".
Cuelgo entusiasmada, me seduce la idea de hacer un reportaje sobre ella. Busco en internet alguna foto suya de cuando era una modelo famosa, aunque no hay gran cosa porque en aquella época no había tantos paparazzi como ahora, además, según parece, ella fue muy discreta.
Antes de llamarla por teléfono, le cuento a Pep mi idea, menos mal que se compromete a ayudarme, así me será más fácil entrevistarla.
Me contesta al teléfono una voz masculina; aunque Titi Faus no se puede poner en ese momento, me asegura que me devolverá la llamada en cuanto pueda. Pienso para mis adentros que, aunque no quería molestarle, al final, Pep tendrá que echarme una mano. No obstante, tras la primera negativa, todavía estoy preparada para una segunda, por lo que me acerco a la dirección que me facilitó Alfonso.
Se encuentra en las afueras, en una lujosa urbanización con piscina; afortunadamente, no hay una gran valla, por lo que es fácil vislumbrar el interior de la parcela: una gran casa en el centro de un jardín lleno de rosas, buganvillas, petunias... el colorido es maravilloso. Como tampoco se ven guardas de seguridad, puedo ojear sin problemas. Saltar la valla me parece un poco fuerte, además, aunque la altura no es considerable, no estoy ya para esos trotes, así que decido llamar al timbre, poco aventurero, pero práctico.
Contesta la misma voz masculina de antes, su secretario personal, que, contra todo pronóstico, no pone muchos problemas en abrir la puerta.
La senda que dirige a la casa está empedrada, alrededor hay césped bien cuidado. Mientras me acerco, veo que una cortina se mueve despacio, alguien observa mis pasos tras ella.
Una sirvienta abre la puerta, por el acento, parece brasileña. Me trata de una forma cariñosa, indicándome que me dirija a una salita de estar, toda blanca, con muebles en color blanco y un sofá marfil en el centro, me invita a sentarme y se vuelve tras sus pasos.
A los pocos minutos, una preciosa mujer, con una larga túnica blanca, que deja entrever su cuerpo bien torneado y tostado, se acerca a mí. En sus brazos tintinean coloridas pulseras, que hacen juego con varios collares. Lleva el pelo recogido en un moño que deja ver un cuello ligeramente ajado por los años.
- "¡Cuánto gusto en conoserte mi niña!" me dice con un acento brasileño, tan cantarín.
- "Es un placer, señora, le agradezco mucho que me dé la oportunidad de hablar con usted"
- "Las amigas de Pep son mis amigas siempre".
En ese instante caigo en la cuenta. Evidentemente, no me han dejado pasar por mi cara bonita sino porque Pep la ha llamado para decirle que la quería entrevistar. Sonrío pensando en que no sé cómo voy a hacer para pagarle tantos favores como le debo.
- "Pero no te quedes de pie, siéntate y charlemos; tu mundo me gusta mucho y quiero que me hables de él".
Está deseosa de que le cuente cómo es mi trabajo, pero yo no quiero hablar de mí, sino de ella, así que procuro desviar un poco la conversación sin que se note, para no parecer maleducada.
Al cabo de media hora más o menos, llaman a la puerta, es Daniela, que se presenta en la sala para saludar a su madre. Al verme, me dirige una mirada de desconfianza.
- "Es amiga de Pep, te he hablado muchas veces de él".
Me saluda con poco interés y sale de la habitación enseguida. Aunque es tan hermosa como su madre, me da la sensación de que es menos elegante que ella, se la ve con menos, cómo lo diría yo, clase quizá sea la palabra.
- "Ya sabes cómo son las jóvenes de ahora, llevan ropa agujereada y remendada, cualquiera diría lo carísima que es. Recuerdo que en mi niñez yo sí llevaba ropa remendada, pero porque en casa mi mamá no tenía dinero para vestirme y le daba la vuelta a lo que se me quedaba viejo. Cosía para una familia de dinero en Brasil y aprovechaba los retales que ellos no querían para haserme presiosos vestidos. Con uno de ellos me di a conoser aquí en España, ¡pero ha pasado tanto tiempo de eso!"
No quiero parecer grosera, pero tengo curiosidad por saber porqué quiere que su hija trabaje en España, al final se lo pregunto directamente.
- "Porque mi país es maravilloso, pero también tiene sus riesgos. Me voy a sinserar contigo aunque no te conosco apenas, pero pareses buena persona y me transmites confiansa. No quiero que mi hija acabe como otras amigas suyas; las malas amistades pueden destrosar muchas vidas y mi hija se estaba introdusiendo en un grupo que no me gustaba nada, así que he preferido traerla aquí, donde tiene sus raíses".
Eso de las raíces no lo tengo muy claro, pero me da reparo indagar más; prefiero dejarlo para otro momento.
Se anima mucho cuando le digo que me gustaría hacer un gran reportaje, con fotos de ella y su hija posando en algún rincón de la casa y del jardín; a ella le parece una idea maravillosa.
- "Todo lo que sea benefisioso para que mi niña sea conosida me parese estupendo" me contesta con entusiasmo, "pero no quiero nada de mi vida privada, hay siertos aspestos que prefiero olvidar".
- "Por supuesto, Titi, yo te haré preguntas sobre tu trabajo en España, para darte a conocer a ti también al público, me parece que has tenido una vida muy interesante y apasionada, pero llegaremos hasta donde tú quieras. Pep te puede decir que yo soy una periodista profesional, no me gustan los sensacionalismos baratos, tan de moda en nuestro tiempo".
Quedo encantada con nuestra charla. Hemos decidido vernos dentro de dos días para preparar la sesión fotográfica en su jardín porque Daniela tiene un casting mañana y no puede faltar.
Antes de volver a casa, me paso por la revista para contarle mi reunión a Sasha.
- "¡Qué bueno que apareces por la revista! Pensé que ya te habías tomado las vacaciones", me dice con sorna.
- "¡Qué gracioso! No te había querido decir nada por si mis planes fallaban, pero tengo una entrevista en páginas centrales para pasado mañana: Titi Faus!"
- "¿Y quién carajo es ésa?" resulta gracioso escucharle con su acento ucraniano decir tacos.
- "Sí, no te culpo porque yo tampoco la conocía, pero te estoy hablando de una de las más conocidas modelos que trabajó en España hace unos años. Un bellezón brasileño, lo mismo que su hija".
- "¿Brasileñas?, interesante. Acortaré otro reportaje que tenía preparado; el verano da mucho de sí y tenemos varios posados importantes".
- "¡¡Llévate a Marisa para las fotos!!" oigo que me grita cuando me alejo por el pasillo.
Cuando llego a casa llamo a Pep para contarle cómo ha sido nuestra conversación y agradecerle su ayuda.
- "Titi me lo ha contado todo, querida. Esstá entussiassmada con tu idea porque pienssa que puede sser una buena publicidad para la carrera de ssu hija".
- "No quiere que tratemos temas personales, supongo que no querrá hablar de su relación con Adolfo".
- "Ahora que lo mencionass, tengo que llamarle para darle la noticia; esstoy sseguro de que le alegrará ssaber que Titi esstá bien, ahora que creo que ha roto con la última colombiana o peruana o qué sé yo".
- "No seas celestino, Pep".
- "¡Qué cossass tieness, niña!".
Como estamos hablando por teléfono, no puedo ver cómo sonríe maliciosamente mientras cuelga el auricular.
El día de la entrevista estoy nerviosa, quiero que todo salga perfecto porque aprecio a Titi y me gustaría ayudarla en todo lo que pueda. Como siempre, mi compañera Marisa ha inventado una excusa para no llevar el coche. Cada vez son más inverosímiles, pero, como es una buena fotógrafa, no pongo nunca pegas cuando se viene conmigo.
Titi nos está esperando en el interior de la casa, elegantemente vestida, con unos pantalones blancos ajustados y una blusa violeta; mientras hablo con ella, Marisa aprovecha para merodear, buscando un buen plano: es una fisgona nata, por lo que disfruta abriendo puertas y descubriendo rincones.
En ese momento, Daniela entra con sus raídos vaqueros. Titi se levanta con un respingo y le dirige unas palabras en portugués, que no entiendo, pero supongo que se refiere a su atuendo, Daniela sale refunfuñando de la habitación.
Decidimos hacer primero las fotografías aprovechando la luz del día, ya que podemos hacer la entrevista en cualquier momento.
Siempre me he encargado del estilismo en mis reportajes, así que le pido permiso a Titi para revisar el vestuario; me conduce a un cuarto donde está toda la ropa perfectamente guardada en plásticos, colgada en unas barras diseminadas por la habitación, como si de una tienda de moda se tratara. Hay mucho dinero invertido en ese ropero.
Cuando decidimos los trajes adecuados para conjuntar a madre e hija en cada foto, buscamos a Marisa para empezar la sesión.
Todo sale a pedir de boca, la fotogenia y elegancia que tienen las dos es impresionante, le auguro una exitosa carrera a Daniela.
A la hora de la entrevista, la cosa cambia. Daniela no tiene ningún interés en hablar, por lo que me centro en la vida de su madre, que, por otra parte, me resulta más interesante que la de una pobre niña sin otro objetivo en la vida que salir guapa en las fotos.
- "Muchas gracias por todo, eres un sol" abrazo a Pep, dándole las gracias por haberme ayudado en la entrevista.
- "Ha ssido un placer, nena; pero te necessito para mi plan".
Miro a Pep de soslayo, mientras apuro mi granizado de limón. Estamos los dos sentados en una avenida, rodeados de palmeras.
- "¿Qué tramas?, no puede ser nada bueno cuando me miras con esos ojos pícaros".
- "Volver las cosssas a ssu sitio".
-"¿Qué?"
- "Puess esso, volver lass cossass a como tenían que haber ssido hace muchoss añoss, ssin impedimentoss familiaress, atadurass ssocialess, ssin el qué dirán ni nada parecido".
- "Toujours l'amour".
- "Ya me conocess, el amor ssiempre ess lo primero".
- "Bien, ¿y me puedes contar de qué se trata?"-
- "Ess que no te conté por completo la historia de Adolfito y Titi; entiéndeme, por disscreción no te pusse al corriente de todoss loss detalless, pero ahora que quiero que me ayudess te merecess conocerlo todo".
En casa, mientras ceno, rememoro todo lo que me ha relatado Pep, un auténtico folletín de la época. Resulta que la familia de Adolfito, como él dice, aunque el tal Adolfito tiene más de cincuenta años, se opuso a la relación de su hijo con Titi Faus porque ella era hija de madre soltera y en aquella época estaba muy mal visto. Según se contaba, la madre había sido violada por el hijo mayor de la casa en la que trabajaba como costurera en Brasil, pero todo se tapó con dinero. La enviaron a otra ciudad a trabajar, con una familia también millonaria, pero sin hijos, y allí fue donde nació una hermosa niña. El padre de Titi la estuvo manteniendo hasta que se murió de sífilis, a partir de ese momento, los abuelos ya no quisieron saber nada de ella. La madre decidió venir a España con su hija, que era una auténtica preciosidad, para probar fortuna como modelo; no les resultó difícil introducirse en la sociedad ya que eran años duros en España, donde no todo el mundo tenía coche ni había viajado por el extranjero, y ellas traían dólares americanos, con los que se permitieron pequeños lujos para aquellos tiempos, hospedándose en buenos hoteles y codeándose con la créme de la créme, que les abrió sus puertas sin ningún reparo, siendo invitadas a las mejores fiestas. En una de ellas, aparecieron Pep y Adolfo.
Desde el primer momento, Adolfo se fijó en la niña, a pesar de que sus padres ya le habían preparado el matrimonio con Nela, hija de los marqueses de las Marismas, de los que eran íntimos.
Adolfito veía a la hija de los marqueses como de la familia, más que como una mujer de la que enamorarse, ya que se conocían desde pequeños. En alguna ocasión le había confesado a Pep que casarse con ella era como cometer incesto, pero los padres estaban encantados con esa relación, que no podía salir bien.
Cuando se descubrió la procedencia de Titi, el escándalo fue morrocotudo y las puertas de la sociedad se les cerraron, sólo Adolfo siguió frecuentándolas a escondidas. Pero un buen día, madre e hija desaparecieron y Adolfo no volvió a saber nada de ellas, a pesar de que contrató detectives, buscándola por medio mundo. Finalmente, no pudo ir contra la voluntad de sus padres y acabó casándose con Nela,
Titi está sola en su casa, Daniela ha salido con unos amigos a cenar. En su soledad, recuerda tiempos pasados. Su mente vuela hasta la España de la sociedad y las fiestas, y se detiene en dos mujeres que hacen rápidamente las maletas en el Palace y piden un taxi para ir al aeropuerto.
Es fácil no ser encontrada cuando una se esconde bien. Eso pensaba Titi de camino al aeropuerto, cuando se marchó sin dar explicaciones.
Su infancia no fue muy alegre, siempre con el estigma de la soltería de su madre, por lo que no quiso que su hija viviera con el mismo pesar. En cuanto descubrió su embarazo, hicieron las maletas y madre e hija volvieron a Brasil, donde era fácil perderse...
Por la mañana, estoy eufórica: el reportaje ha salido a pedir, de boca. Titi es una gran conversadora y, aunque apenas hemos profundizado en su vida personal, sus relatos de aquella época me han resultado apasionantes. Unas pinceladas para centrar la época y ya está listo para ser impreso. Mientras revisamos las fotos, Sasha hace comentarios sobre la fotogenia de ambas, augurándole un gran futuro a Daniela como modelo. De casta le viene al galgo (realmente, esa expresión no la dice él, pero es la que más se parece a su comentario en ucraniano).
Recibo la llamada de Pep, está rebosante de felicidad. Le envió por mensajero un ejemplar de la revista a su amigo Adolfo y ya han quedado para verse. Quiere que yo vaya al mismo restaurante que ellos con Titi, para que puedan coincidir allí ambos. Realmente, Pep es un auténtico casamentero. Espero que Titi no se moleste por toda esta patraña que vamos a montar, es una mujer muy educada y no me gustaría que se sintiera ofendida.
El día de la comida, estoy nerviosa. Busco en mi armario una falda corta azul claro y un blusón blanco. Como en verano todo se permite, aprovecho para ponerme unas alpargatas también azul cielo, para ir más cómoda y así poder evitar el suplicio de los tacones.
El restaurante es bonito, de estilo antiguo, con grandes arañas en los techos, manteles de color granate, cristalería fina y mesas separadas por pequeños biombos.
Cuando entro, el maître se dirige a mí para preguntarme sobre mi reserva; en unos segundos comprueba su gran cuaderno y me conduce a mi mesa, al pasar por la de Pep, me guiña un ojo. Sigo andando hasta mi mesa que, casualmente, está situada un poco detrás de la de ellos, aunque, tratándose de Pep, yo no creo en las casualidades. Adolfo está justamente enfrente de mí, de espaldas a la entrada. Le miro con disimulo, se le notan las arrugas y las canas, más que a Pep, aunque tienen la misma edad, pero es que mi amigo siempre ha sido muy coqueto. Cuando me acomodo de cara a la puerta, veo que Titi está en el vestíbulo mirando al fondo, así que levanto la mano para llamar su atención, me hace una seña con la cabeza, indicando que me ha visto y avanza hacia mí; cuando pasa al lado de la mesa de Pep, éste se agacha como si fuera a recoger algo del suelo y Adolfo que se encuentra de espaldas no se percata de su presencia.
- "¿Qué tal Titi?" me levanto para darle dos besos, "te agradezco mucho que hayas aceptado mi invitación".
- "Ha sido un auténtico plaser resibir tu llamada, mi niña".
En ese momento, veo que el fornido cuerpo de Adolfo da un respingo, levantándose de la silla: ha reconocido esa voz tan familiar en otra época. Se dirige a nuestra mesa con paso nervioso, mientras ambas nos acomodamos.
- "¡Mi querida Titi, no has cambiado nada!"
Ella vuelve la vista hacia arriba, mirando extrañada al caballero, un tanto calvo, con el pelo semiblanco y entrado en carnes; tras unos segundos, reacciona.
- "Adolfo, qué sorpresa. Te hasía veraneando con tu mujer".
Pep se levanta también de su silla, dirigiéndose hacia nosotros; un tanto histriónico, expresa su alegría por el reencuentro con Titi; yo me hago la encontradiza con Pep para que ella no sospeche nada.
Al final, decidimos sentarnos todos juntos a comer, puesto que los caballeros también acaban de llegar y no han tenido todavía ocasión de elegir la comida. Los camareros preparan nuestra mesa para los cuatro. La charla es distendida, con anécdotas de viejos tiempos, risas y alguna que otra picardía.
Con el café y la copa viene la añoranza; Adolfo se ha pedido un coñac que ha apurado en pocos minutos y ya está acabando el segundo. Inesperadamente, se pone a sollozar. Es lo que tiene el alcohol, que desencadena los sentimientos ocultos y que tanto tiempo se escondieron, quizá para que no hicieran daño.
Se escuchan sus reproches hacia Titi, la situación se está volviendo realmente incómoda, pero Pep interviene intentando mediar.
- "Vamoss, Adolfo, todo aquello passó. Éramoss jóveness y eran otross tiemposs".
- "Pero yo te quería Titi" insiste nuevamente Adolfo "y desapareciste sin dejar huella".
- "Poco te importó que desaparesiera, mi niño" dice ella con un poco de amargura.
- "Te busqué, pero fui un cobarde, no me atreví a romper con mi familia".
Titi mira hacia el mantel, dibujando con su dedo círculos.
- "No lo sabía" susurra.
Pep intercede:
- "Ssí, esso ess verdad, yo fui tesstigo. Pagamoss entre loss doss a un detective que no era muy bueno, porque por aquel entoncess no teníamoss mucho dinero, para que te busscara, pero creo que noss engañó y nunca hizo nada por encontrarte".
Titi mira con ojos de asombro a Adolfo.
- "Aunque hubiera sido bueno, nunca me habría encontrado, me escondí bien".
- "Pero, ¿por qué? ¡Yo te quería tanto!".
- "Bueno, no exageres, yo era un juguete para ti y tus amigos de la alta sosiedad; y no quería acabar como mi madre. Esa historia ya la viví una vez, mi infansia no fue felis y no quería lo mismo para mi hija".
Adolfo mira a Pep con extrañeza y piensa en la edad de Daniela.
- "¿Cuántos años tiene Daniela?" pregunta como con miedo.
- "Más de los que parese. Mi hija lleva ya años siendo una modelo en Brasil, la idea de venir a España fue suya, quería darse a conoser en Europa y pensó que España podía ser un buen trampolín, sobre todo porque yo ya había trabajado aquí. A mí no me paresió buena idea porque no quería regresar a este país y encontrarme con mis amargos recuerdos, pero no me opuse porque mi niña nesesitaba un cambio radical; las compañías con las que se estaba juntando no eran nada buenas y cualquier sitio me paresía bien con tal de alejarnos de todo aquello".
La mente de Adolfo está al rojo vivo echando cuentas de los años que hace que estuvieron juntos.
- "Assí que ya esstabass embarazada cuando llegasste a Brassil" asevera Pep.
- "Sí, pero fue diferente. Todo el mundo pensó que mi marido español había fallesido, por lo que no tuve que dar muchas explicasiones. Entre la ayuda de mi mamá y el dinero que había ganado en España, compramos una hasienda en la que vivimos felismente".
- "¿Y nunca sentiste remordimientos por haberme dejado? ¿nunca me echaste de menos?", pregunta con amargura Adolfo.
- "Siempre. Pero tenía claras dos cosas: no quería que renunsiaras a tu brillante carrera en el banco por mí, ni quería ser mirada como una cualquiera por tu sosiedad y tus amigos. Ya me rechasaron cuando se enteraron de mis orígenes y no quería ver en sus caras esos reproches. Al prinsipio, fue duro tomar la desisión, escapar como dos ladronas en la noche hasia el aeropuerto, pero mi mamá me convensió de que regresar a Brasil era lo mejor para las dos y sé que fue asertado".
Se está haciendo tarde, por el rabillo del ojo veo que los camareros nos miran con cara de pocos amigos ya que somos los últimos, no queda nadie más en el restaurante. Adolfo paga la factura y nos propone ir a su casa a tomar una penúltima copa, pero yo ya estoy bastante saturada, Pep, tampoco tiene ganas de continuar con la velada, así que vemos cómo Adolfo y Titi se alejan como tortolitos al aparcamiento para recoger el coche de Adolfo.
- "Dejémosles solos porque tienen mucho de qué hablar".
- "Toujours l'amour", le digo a Pep, que me sonríe guiñando un ojo.
* Muy buena, una vez que la parte superior!
Cabo bendiciones, un amigo de enriquecimiento todos desea! *