Llueve, ¡Qué fastidio! Apenas acaba de empezar la primavera y, para celebrarlo, estaba prevista la presentación de una famosísima colonia juvenil; por supuesto, estoy invitada aunque se me han ido por completo las ganas que tenía de acudir porque lo que prometía ser el fiestón de la primavera, al aire libre, en uno de los mejores antros de la noche, va a estar pasado por agua.

¡Qué fastidio!. Me viene a la cabeza la canción de Serrat "llueve y llueve, detrás de los cristales..."

Suena el teléfono, doy un respingo pensando que, con un poco de suerte me comunican que la fiesta se ha suspendido.

- "¿Esstáss bien, cielo?"

Es Pep, con su voz inconfundible.

- "Sí, claro, ¿por qué lo preguntas?

- Porque parecess dormida y van a sser lass nueve. ¿Recuerdass que tenemoss que ir a la pressentación de L'eau de minuit?.

- Pues no se me ha olvidado, pero esperaba que me llamaras para decirme que se había suspendido.

- No sseass boba, pero ssi esstá invitada la flor y nata de la ssociedad, por nada del mundo me la perdería. Por cierto, quería pedirte un favor, ssé que ess una faena, pero sse me ha esstropeado el  coche, ¿podríass venir a recogerme?

- Por supuesto, Pep, no te preocupes, a las ocho estaré en tu casa como un clavo".

 Cuando cuelgo, me pongo a pensar en el flamante deportivo de Pep, y en el precio de las reparaciones; qué afortunada soy por ser una pobretona y tener mi forito que no me falla nunca.

Me dirijo al armario para prepararme sobre la cama la ropa que voy a llevar, porque con la lluvia se me van a mojar los pantalones de terciopelo verde botella que había  pensado ponerme, como decía, ¡qué fastidio!

Siempre he oído que las mujeres elegantes son capaces de andar bajo la lluvia sin salpicarse los pantalones, pero nunca he llegado a esa perfección, así que prefiero ponerme unas botas altas, que en un momento dado puedo limpiar discretamente con un pañuelo de papel en el baño; decidido, después de darme una ducha y de maquillarme un poco, me pongo un vestido corto y estrecho de color berenjena, que me sienta muy bien, y unas botas de caña negras con tacón alto; me llevo una chaqueta corta negra porque hace fresco. ¡A por Pep!

 - "El coche está limpio, así que no te quejes.

- Oh, querida, desspuéss de que te molesstass en venir a recogerme, no me quejaré. Ya sabess que Paul no ess muy amigo de esstass celebracioness y, como ssabía que tú iríass prefería pedírtelo a ti.

- No es ninguna molestia. ¿Sabes si asistirá la hija de los marqueses de La Vila? Estoy muy interesada en hacerle una entrevista después de los rumores de su posible boda."

Miro de reojo la sonrisilla de Pep, él siempre está enterado de todo lo que se cuece en el mundillo de la alta sociedad, pero es lo suficientemente discreto como para que no trascienda, por su boca, al menos, porque hay mucho espontáneo siempre dispuesto a cobrar unos euros por alguna exclusiva, veraz o no.

- "¿Boda, qué boda?

- Vamos, no me hagas creer que no sabes nada, porque seguro que eres el primer enterado, siendo íntimo de sus padres.

- ¡Uy niña, loss padress muchass vecess sson loss últimoss en enterarsse de esstass cossass.

- Pero no es éste el caso, ¿verdad?

- No me tiress de la lengua, que sabess que no me gussta traicionar a miss amigoss.

- Lo sé, Pep, por eso te aprecio tanto."

 Estamos llegando al club. El club es "el club"; hay muchos clubes, de muchas clases: de tenis, de golf, de militares retirados, pero cualquier niño bien que se precie que diga que va al club, ineludiblemente viene aquí.

Es un local que se puso de moda hace dos o tres años, renaciendo de una antigua discoteca abierta hace mucho tiempo en las afueras de la ciudad, pero que decayó a los pocos meses de su inauguración; caprichos de la gente, porque con los otros dueños apenas venía nadie, sin embargo, desde que una famosa cadena de discotecas se hizo cargo, empezó a subir como la espuma y no se es nadie si no se ha venido aquí, al menos una vez.

Ha dejado de llover, pero no apetece estar al aire libre. En la entrada, una gran valla negra adornada con arizónicas circunda la discoteca; los aparcacoches están en la puerta esperando que les entregue las llaves para estacionar mi coche. ¡Qué comodidad! Es cara la entrada, muy cara, pero tienen un maravilloso servicio que hace que te despreocupes de buscar un sitio y, como siempre vengo por motivos profesionales, no tengo que pagar nada; como una gran señora me siento entregando mis llaves al aparcacoches. Por supuesto, Pep se encarga de la propina, porque sabe que es un tema que siempre me ha resultado un tanto delicado, nunca sé cuánto es suficiente, no quiero parecer una tacaña ni tampoco una manirrota.

 En la entrada de la discoteca las medidas de seguridad son más rigurosas, los aparcacoches parecen liliputienses al lado de estos gorilas, afortunadamente nuestras acreditaciones nos abren todas las puertas; la discoteca parece inmensa, estoy acostumbrada a verla en semipenumbra, con luces de neón de colorines y hoy tiene unos majestuosos focos que permiten ver cualquier rincón perfectamente, además, en lugar de la atronadora música que normalmente suena, hoy se escucha a Vivaldi, lo que hace que sienta una gran paz en mi interior. La gente está situada entre el piso de arriba y la planta baja, formando corros, mientras que en el centro de la pista principal han situado una mesa con numerosas cajas de la colonia que van a presentar, como si fuera una pirámide que resulta muy relajante, ya que tienen un color que simula la arena del desierto, con ondulaciones que imitan las dunas. En el ambiente se respira una fragancia muy delicada, imagino que será de la nueva colonia que espero no sea demasiado cara para poder comprarme.

- "A ver si con un poco de suerte, me regalan varias muestras" pienso.

Cuando nos acercamos a saludar a los anfitriones, se hace un silencio sepulcral porque las luces se apagan repentinamente, por suerte, mis reflejos no me fallan lo que me permite sujetarme a Pep rápidamente, porque no me ha dado tiempo a ver un escalón y estoy a punto de dar un traspiés.

Mientras suena música de fanfarria, un gran foco desde el techo ilumina a una modelo disfrazada de egipcia que lleva en sus manos un frasco king size de colonia.

- "Eso será de pega, ¿verdad?" le comento a Pep en el oído, ya que, por el tamaño, debe de pesar un quintal.

- "Chssss" me contesta Pep, que no se pierde un detalle; si no fuera porque sé que no le atraen las mujeres, diría que le gusta la modelo, monísima, eso sí.

Tras la modelo, aparece Cuca, otra de las grandes próceres de nuestra vida social, hija de un militar retirado y de una marquesa, que suele ejercer de madrina en este tipo de eventos, ya que no se le conoce otra ocupación.

Micrófono en mano, Cuca hace la presentación oficial de la nueva fragancia, acercándose a la modelo, quien continúa con el frasco king size entre las manos, decididamente, es un frasco de pega, porque no creo que una grácil modelo como ella tenga tanta fuerza como para sujetar algo tan pesado.

Me sorprende ver que Pep continúa revisando a la modelo, algo inusual en él.

- "¿Te ocurre algo?" le pregunto mosqueada.

- "Luego te cuento", me contesta a voz en grito, ya que ha terminado el silencio sepulcral y la habitual música discotequera empieza a bombardearnos los oídos.

Esperaré a llevarle en el coche a su casa para que me explique.

Mientras que la gente se abalanza sobre los canapés, que acaban de aparecer en un segundo plano tras las cortinas (hábilmente, los organizadores no los han sacado antes para no desviar la atención del perfume), echo una ojeada para ver si encuentro a alguien de interés al que poder entrevistar, que al fin y al cabo, para eso me pagan y me invitan a estas fiestas de alto copete, para después enumerar las grandes personalidades que han acudido al evento, cuantas más personalidades, personajes o personajillos, mejor para el organizador, porque muestra su gran poder de convocatoria, y le volverán a contratar para otra ocasión.

Me parece vislumbrar a la hija de los marqueses de La Vila, así que me encamino hacia ella; aunque la veo rodeada de muchos moscones, micrófono en mano, no me importa, porque suelo conseguir que la gente hable conmigo con confianza, no en vano, saben que no me dedico a degollar a mis entrevistados y guardo muchos secretos que nunca saldrán a la luz, nobleza obliga.

Nuevamente, se hace un silencio sepulcral, momento que aprovecho para hablar con Mariló, ya que la gente la ha dejado sola, mirando nuevamente hacia el escenario. Sé que me va a costar trabajo encontrar otro momento para que nos dejen hablar, así que prefiero entrevistarla a ver qué está pasando ahora. De fondo, se oye la voz de Cuca agradeciendo a la discoteca su colaboración.

Cuando me voy a presentar, Mariló me dice que ya me conoce porque ha oído a Pep hablar muy bien de mí, eso hace que se muestre bastante afable conmigo, por lo que no tiene ningún inconveniente en responder a mis preguntas y, sí, sí piensa casarse, pero todavía no tiene fijada fecha de boda, aunque no es con quien todos piensan, lo que me deja boquiabierta; como no consigo que me cuente nada más, desisto de mi intención, sé que por Pep tampoco lo voy a conseguir, pero mi paciencia es muy grande y procuro no desesperarme.

La música atronadora ha vuelto a sonar y los moscones rodean nuevamente a Mariló, por lo que me marcho hacia la pista, donde veo a más gente a la que puedo entrevistar.

 Después de estar bailando un rato, noto cómo las botas me molestan un poco, por lo que me dirijo al baño para ver si quitándomelas me alivian el dolor. Cuando paso por delante de uno de los reservados, veo que Mariló sale llorando de él, pasa por delante de mí sin reconocerme; como curiosa que soy, echo una ojeada al interior, ya que la cortina se ha quedado entreabierta, en un rincón, se ve a Fredy, un conocido de la noche, sin oficio ni beneficio, tirado sobre una butaca, se le ve bastante bebido.

Si antes me quedé boquiabierta cuando Mariló me dijo que no se iba a casar con quien todos pensaban, más boquiabierta me quedo viendo al figura con el que estaba hablando.

Cuando entro en el baño, apenas hay gente en su interior: dos niñas jovencitas retocándose el maquillaje y alguien sollozando en uno de los servicios. Suena un móvil y la persona que hasta hace unos segundos estaba en el retrete sollozando, contesta; es la voz de Mariló.

- "Sí" se le oye decir "el muy cabrón me acaba de decir que se lo ha pensado mejor y que no quiere saber nada de mí, que se siente muy presionado".

- "Tienes razón, Fredy me ha engañado, sólo me quería para divertirse y para que le abriera algunas puertas".

- "¿Tú crees que Edu querrá hablar conmigo de nuevo?, fui muy dura con él la última vez"

- "Sí, ya lo sé que me quiere, y yo también a él, pero le he hecho muchas y su paciencia tiene un límite ".

- "Tienes razón, en cuanto llegue a casa le llamo. Chaíto"

Aunque he oído la conversación entrecortadamente, es fácil entender su significado.

Cuando Mariló sale del servicio, estamos las dos solas.

- "¿Has escuchado todo?" me pregunta aún con lágrimas en los ojos.

- "Me temo que sí".

- "¿Y qué vas a publicar?".

- "Lo que tú quieras que publique, sabes por Pep que no me gustan los escándalos, y menos iniciarlos yo".

- "Si te doy la exclusiva de mi boda..."

- "Sería maravilloso. Anda, arréglate un poco, que se nota que has estado llorando, otro día me llamas y hablamos con más tranquilidad; primero soluciona lo tuyo con Edu y, si quieres un consejo, aunque me meta donde no me llaman, olvídate de Fredy, no te merece lo más mínimo".

Salgo del baño con una sonrisa de oreja a oreja, sin acordarme de la razón por la que había entrado; las botas ya no me hacen daño, pero estoy cansada, así que busco a Pep para ver si le apetece que nos vayamos. 

- "Esstoy agotado, querida; me voy haciendo viejo".

- "Pues vámonos ya, porque yo ya tengo lo que quería saber y también estoy muy cansada.

- "Ya me contaráss"

- "Ya sabes, es secreto profesional" le guiño un ojo, "pero tú sí tienes que contarme por qué te quedaste tan obnubilado mirando a la modelo egipcia; si no te conociera, pensaría mal" le guiño un ojo nuevamente.

- "Ess que conocí una perssona hace muchoss añoss idéntica a ella".

- "Pues, esa niña no aparentaba más de diecisiete, así que no puede ser la misma."

- "Esse ess el missterio, que dessapareció ssin dejar rasstro cuando esstaba en ssu mejor momento como modelo, todas lass revistas sse la  rifaban y, de la noche a la mañana, sse essfumó".

- "Tendremos que preguntar su nombre a quien la contrató".

- "¿Me haríass esse favor?, no quiero que sse ssepa que esstoy interessado, porque en ssu momento sse habló de que tuvo un affaire conmigo?

- "¿Y fue cierto?"

- "¿Tú qué crees?"

- "Que no, ¿pero cómo fueron capaces de pensar en algo así?"

- "Mi niña, porque eran otross tiemposs y yo no había ssalido del armario todavía, además, a mí me interesaba que assí fuera, por mi reputación".

- "Claro tu virilidad, jajaja".

- "Jajaja".

Cuando le dejo en su casa, todavía me sigo riendo de la ocurrencia. Mi tarea para los próximos días, buscar a la desconocida, promete ser interesante.